(en ejecución desde 1990)
Es un proyecto de producción y comercialización de textiles de alta calidad, tejidos a mano, en telares tradicionales, y con vellón natural: oveja y alpaca en los textiles Jalq'a; y oveja y algodón en los Tarabuco. Reúne a 800 mujeres tejedoras, de las dos regiones. Las tejedoras están organizadas en talleres productivos en comunidades indígenas y barrios periféricos de la ciudad, con directivas elegidas democráticamente y con carácter autogestionario.
El éxito principal de este proyecto es que ha podido combinar el ingreso económico con el desarrollo de una creación estética. Se estima que el ingreso de las tejedoras alcanza al 50 % y a veces a un 60%, de los recursos familiares, en moneda. A pesar de tejerse ahora masivamente, las piezas del vestuario tradicional no se han degradado ni "folklorizado". La intensidad del trabajo textil ha provocado, por el contrario, una aceleración de los procesos de cambio en los diseños (procesos siempre existentes) y una tradición viva, está ahora motivada por una búsqueda mucho más apasionada de la expresión de contenidos propios de cada región. Las tejedoras no han intentado adaptarse al gusto de los compradores, más bien, están conscientes que lo que ofertan son, justamente, visiones de mundos culturalmente diferentes al del observador.
Dado que la producción textil constituye una fuente constante y segura, de recursos en moneda, para tejedoras y tejedores, el trabajo de tejer se ha convertido en una actividad permanente, casi tan importante como el trabajo de la tierra: sin intentar reemplazarlo, se yergue como una alternativa salvadora, en particular, en épocas de desastre climático.
Las perspectivas de este proyecto no están, de ninguna manera, cerradas: el futuro apunta a una expansión hacia otras regiones como hacia la diversificación de los productos, a una conquista de los mercados internacionales y, junto a esto, a una profundización de los valores creativos étnico-culturales.