está destinado a revelar, en primer lugar, la deslumbrante e inquietante belleza de los textiles jalq'a y tarabuco, la complejidad y profundidad del pensamiento creador étnico-cultural que le ha dado vida, y la alta calidad técnica, tan llena de significados ella misma, conjuncionando en una densa substancia, expresión y contenido.
Es, por lo tanto, un homenaje a esas mujeres -y ahora también hombres- indígenas, artistas-artesanos (y no sólo jalq'as y tarabucos), que han conservado y desarrollado hasta nuestros días una cultura original y propia, cuyas raíces se pierden en la profundidad de los tiempos precolombinos.
Pero, y en segundo lugar, este Museo también es un testimonio de cómo ha trabajado y trabaja el Programa de Renacimiento del Arte Indígena. Los procesos que ha producido, no sólo ingresos económicos para las familias, no sólo dignificación del rol de la mujer, sino también un movimiento espiritual: las tejedoras tienen ahora a su disposición cientos de diseños frescos, renovándose, que estimulan su creatividad. Estaríamos presenciando el renacimiento de un arte indígena y popular, y ojalá también la profesionalización de sus artífices.
Finalmente, este Museo, es también el testimonio de una reflexión permanente de las propias tejedoras sobre su arte y sobre su actividad productiva, sin la cual no habría proceso. Y una reflexión de quienes guiamos y acompañamos este proceso, en la cual está fuertemente presente la constatación de toda la potencialidad que tiene, para el futuro, la variedad étnico-cultural del país.
.