Desde hace cuatro mil años, el tejido constituye una de las expresiones estéticas mas complejas y desarrolladas del espacio andino. El vestuario y, especialmente algunas de sus prendas tejidas, alcanzaron el nivel de verdaderos lenguajes a través de los cuales los pueblos dibujaron sus identidades y construyeron sus diferencias.
Los rasgos característicos del estilo de un grupo, además de su innegable belleza, conllevan, por lo general, un sentido, un significado preciso. Es posible decir así que los textiles andinos pueden ser "leídos" como textos que hablan de determinados pensamientos o visiones particulares de mundos.
Este arte sobrevive con grandes dificultades en las actuales circunstancias de las sociedades indígenas. En el centro sur de Bolivia, sin embargo, dos grupos: los jalq'a y los tarabuco, que hoy hablan quechua, han logrado mantener sus tradiciones textiles hasta nuestros días. Basándose en estas prácticas aún vivas, un Programa llevado adelante por la Fundación para la Investigación Antropológica y el Etnodesarrollo, ASUR, ha provocado un impulso renovador en el arte de tejer. Además de constituir una fuente de ingresos complementarios en regiones altamente empobrecidas, la producción de textiles para la venta ha traído consigo un fenómeno espiritual: valorización de la cultura y búsquedas de significación y expresión estéticas nuevas.
Los textiles, en ambas regiones, alcanzan hoy niveles excepcionales de calidad, que les permiten ser considerados no sólo como artesanías sino, como obras de arte de un patrimonio universal.